Por Gabriel C. Salvia

En los últimos tres años el presupuesto del Poder Legislativo Nacional aumentará casi doscientos siete millones de pesos, de los cuales unos ciento noventa y cinco mil corresponden a gastos en personal, donde se han incorporado en tiempos recientes gastos para "Gabinete de Autoridades Superiores" y "Personal Contratado".
El gasto en personal del Congreso Nacional se podría reducir y transparentar, pero no hay voluntad y coraje político para hacerlo. Asimismo, mientras no se realiza una reforma del estado en el Poder Legislativo Nacional, aumentan los gastos en otras áreas del mismo. Por ejemplo, siguiendo con datos de los presupuestos del 2005 al 2007, aumentaron los "bienes de consumo" en unos dos millones de pesos y en "servicios no personales" se incrementaron en un poco más de tres millones los gastos en pasajes y viáticos. Por su parte, en "bienes de uso" se incrementaron los gastos en "Libros, Revistas y Otros Elementos Coleccionables" en unos trescientos mil pesos, quizás porque los legisladores y sus asesores dedican más tiempo a la lectura y la Biblioteca del Congreso necesita tener nuevas publicaciones para justificar los mil ochenta y cuatro empleados que tiene, donde entre 2005 y 2007 se sumaron ciento veintiséis nuevos "trabajadores" a este ámbito tradicionalmente anti-meritocrático del sector público.
Un dato curioso entre los bienes de uso es el destinado a las "Obras de arte", representando para el 2007 la suma de ciento cinco mil seiscientos pesos, cifra muy superior a los veintiocho mil quinientos destinados para el presente año. Solamente entre el 2005 y el 2007 el Congreso Nacional gastará un total de ciento sesenta y seis mil trescientos pesos en "Obras de arte", una cifra obscena en un país con un alto índice de pobreza e indigencia.
Para muchos, la suma que viene destinando el Poder Legislativo Nacional en "Obras de arte" puede ser un dato insignificante en comparación con los despilfarros o asignaciones arbitrarias que se realizan en el propio Congreso y en otros ámbitos de la administración pública, y más aún con la facultad antirrepublicana otorgada al Jefe de Gabinete de Ministros para reasignar partidas presupuestarias. Pero el punto es que los legisladores nacionales al analizar el proyecto de ley de presupuesto nacional deberían comenzar por el propio y un detalle como el de las "Obras de arte" no podría pasar desapercibido.
Además, podrían ser extensos los ejemplos del uso prioritario en otras necesidades más urgentes que podrían tener los fondos destinados a "Obras de arte" para el Congreso Nacional y también enfatizar que los legisladores tienen el deber de analizar con detalle cómo se destinan los recursos de los contribuyentes. En tal sentido, una lectura seria del proyecto de ley de presupuesto encontraría que muchos pequeños gastos originan un gran gasto y ese es un detalle que debe observar todo legislador que valore la austeridad y responsabilidad republicana.
Como conclusión: si los legisladores nacionales no se toman el trabajo de analizar seriamente su propio presupuesto, recortando en el mismo los gastos que son claramente superfluos o en todo caso reasignándolos hacia fines socialmente más urgentes, es difícil imaginar entonces que hagan lo propio con el resto de los programas de la Administración Pública Nacional.
Gabriel C. Salvia es editor del "Burocratómetro", Becario de la Fundación Friedrich A. Von Hayek y Presidente de CADAL.
Un dato curioso entre los bienes de uso es el destinado a las "Obras de arte", representando para el 2007 la suma de ciento cinco mil seiscientos pesos, cifra muy superior a los veintiocho mil quinientos destinados para el presente año. Solamente entre el 2005 y el 2007 el Congreso Nacional gastará un total de ciento sesenta y seis mil trescientos pesos en "Obras de arte", una cifra obscena en un país con un alto índice de pobreza e indigencia.
Para muchos, la suma que viene destinando el Poder Legislativo Nacional en "Obras de arte" puede ser un dato insignificante en comparación con los despilfarros o asignaciones arbitrarias que se realizan en el propio Congreso y en otros ámbitos de la administración pública, y más aún con la facultad antirrepublicana otorgada al Jefe de Gabinete de Ministros para reasignar partidas presupuestarias. Pero el punto es que los legisladores nacionales al analizar el proyecto de ley de presupuesto nacional deberían comenzar por el propio y un detalle como el de las "Obras de arte" no podría pasar desapercibido.
Además, podrían ser extensos los ejemplos del uso prioritario en otras necesidades más urgentes que podrían tener los fondos destinados a "Obras de arte" para el Congreso Nacional y también enfatizar que los legisladores tienen el deber de analizar con detalle cómo se destinan los recursos de los contribuyentes. En tal sentido, una lectura seria del proyecto de ley de presupuesto encontraría que muchos pequeños gastos originan un gran gasto y ese es un detalle que debe observar todo legislador que valore la austeridad y responsabilidad republicana.
Como conclusión: si los legisladores nacionales no se toman el trabajo de analizar seriamente su propio presupuesto, recortando en el mismo los gastos que son claramente superfluos o en todo caso reasignándolos hacia fines socialmente más urgentes, es difícil imaginar entonces que hagan lo propio con el resto de los programas de la Administración Pública Nacional.
Gabriel C. Salvia es editor del "Burocratómetro", Becario de la Fundación Friedrich A. Von Hayek y Presidente de CADAL.

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